Rebobinar

La mañana siguiente a la noche en que conocí mi adicción al elixir de tu cariño, recuerdo haber soñado hasta el mediodía. No eran tus brazos, era cómo se erizaba mi alma con tu respiración cerca de mi.

El tiempo dejaba de tener números, o estaciones como -madrugada-mañana-tarde-noche, cuando pensaba en ti. En cambio escribía las cosas que quería hacer cuando el reloj quedara en “verte”.

El ir y venir de mi amor – odio por ti, solo hacía que mis capacidades fueran reducidas a mirarte, besarte y dormirme, pero contigo, en mi cama, en mi mente o en una foto. Tus labios nunca me parecieron tan suaves como ese día que me pediste llorar en mi abrazo.

Cuando vi tu tristeza, recuerdo sentir tanto miedo y frío. Pude darme cuenta que no podría evitar enamorarme de tu ser, fuerte, frágil, apasionado, tímido, generoso y conflictivo, de tu piel con olor a estufa en casa de mi abuela, eras mi hogar, y no hubo vuelta atrás.

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